
¡Ha resucitado! ¡Qué estruendo de sonoridad por doquier! Es algo que se siente dentro, en lo profundo del ser. ¿Acaso no se nota? Es un sentimiento indescriptible. En cualquier momento se oye: “Felices Pascuas”. Quizá en muchos rostros no asome esta sorpresa, esta primavera del espíritu, pero sí, muy dentro, hay una vivencia especial, una presencia; también en el exterior se percibe la resurrección.
Cuando se disfruta de un espectáculo: Cine, concierto, deporte, ser crea cierta sintonía con los vecinos de butaca, palco, grada, incluso abarca a todo el recinto donde se disfruta del espectáculo. ¡Cómo se aplaude! ¡Cómo se dan vítores! Se chilla, se grita: ¡¡¡gol!!! ¡¡¡bravo!!!
Cuando se disfruta de un espectáculo: Cine, concierto, deporte, ser crea cierta sintonía con los vecinos de butaca, palco, grada, incluso abarca a todo el recinto donde se disfruta del espectáculo. ¡Cómo se aplaude! ¡Cómo se dan vítores! Se chilla, se grita: ¡¡¡gol!!! ¡¡¡bravo!!!
La comunidad cristiana grita, también, porque Cristo metió “gol” a la muerte, a la desesperanza. Misterio de libertad y de redención. Lo que tuvo que padecer y sufrir Jesús ha sido motivo de liberación y redención, pues Dios, su Padre, le ha liberado de todo mal, de la muerte y le ha dado una vida nueva. Jesucristo es un hombre libre y nosotros somos libres, ya desde entonces, pues con Él hemos sido sepultados por el bautismo, hemos recibido su vida y nos hemos comprometido a continuar este camino de ser vencedores de la muerte, de toda muerte y de todo mal.
Es un gran servicio a la humanidad liberarla de ataduras que no le dejan ser ella misma, que no me dejan ser yo mismo. Por eso es fiesta, por eso resaltamos la alegría, por eso apostamos por la vida, a pesar de la cultura de la muerte, de la cultura de la violencia y de la cultura de la indiferencia.
El domingo de todos los domingos, el domingo principal, el más importante es el domingo de Pascua; ya desde el sigo II hay testimonios de este gran día. Es el tiempo por excelencia de la fiesta, de la alegría, del gozo, que dura cincuenta días, que se celebran como si fuese un solo día. Es anterior a la Cuaresma.
Es el tiempo de la alegría, porque es imagen del reino futuro. Es el tiempo de la luz, el cirio es símbolo del resucitado que ilumina con nuevo vigor, con nueva claridad, por eso las iglesias están adornadas con luces y flores, es la Pascua florida.
La comunidad cristiana tiene luz en el corazón, una luz que se nota en los ojos. Mira como mira Dios. Es el tiempo del testimonio, del fermento, en medio de una sociedad hostil, como en los primeros siglos de la historia cristiana. Con la sencillez de la alegría del Señor resucitado, del Señor de la Vida , aman, y por ello dan vida, esperanza y aliento.
Es el tiempo del Aleluya –alegría, alabad a Dios- que reverbera en las bóvedas de las iglesias, que resuena en las gargantas de los seguidores de Jesús. Es el tiempo de la vida renovada. Es el tiempo de la nueva creación realizada por Cristo, a través de su pasión, muerte y resurrección. Somos criaturas nuevas. Hemos renovado nuestro compromiso bautismal en la noche santa. Vivamos con alegría, optimismo y esperanza. ¡Qué gozo, ser nueva criatura!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada