
Infatigable cibernauta: El Señor te dé la Paz.
Vivimos un tanto alterados por las prisas, por el trabajo, por las relaciones sociales, por estar informados, por el consumismo, por el estrés. Pasan los días y no somos conscientes de ello. No nos enteramos de que vivimos, de que somos personas, de que existimos.
La comunidad cristiana da comienzo a un espacio, en el tiempo, llamado Adviento, es decir, venida. Alguien viene y es menester prepararse, estar atentos, vigilar, esperar…
Adviento es un regalo, un tiempo para acoger “al que viene en nombre del Señor,” para el descorazonado, el pobre, el desilusionado. Es tiempo de silencio para sentir la vida que nace, que viene, que se acerca. En el silencio, Jesús es el esperado por los pobres, es el sueño de un mundo mejor, es la palabra nueva de Dios en el acontecimiento humano, es la belleza que llena el corazón.
Es el tiempo de espera. Esperar es siempre nuevo. Nos pone en actitud de ansiedad. Es la única preocupación que encuentra, el que espera. Esperar a Jesús es signo de esperanza para el que no cree, para el que lo ha perdido todo, para el que no tiene cabida en la humanidad.
¡Qué curioso! Según las últimas encuestas entre los jóvenes universitarios, dicen sentirse contentos, felices, satisfechos. ¡Qué horror! ¿Qué le puede decir Adviento a quien lo tiene todo? ¿Dónde está la esperanza, la espera? ¿Qué mensaje es posible en esta situación? Los cristianos, en este tiempo, más que nunca, creemos en la esperanza. Esperamos con la fuerza del Espíritu de Jesús, cambiar nuestras actitudes, nuestra forma de pensar, nuestra manera de actuar. Sí, creemos, con la ayuda de Dios, que es necesario transformar nuestro mundo en una sociedad más justa, más igualitaria, más fraterna, más ecológica, más pacífica…
Jesús viene como esperanza y alegría para la humanidad. Es el huésped de nuestros días, tantas veces tristes e infelices; es la liberación posible de lo que nos esclaviza y nos ata. Ser persona de esperanza significa inserirse en el anuncio de salvación, que Jesús quiere traer con su venida en medio de nosotros. Es comprender que la vida es regalo porque en el regalo está el amor. El amor es profecía y vida que germina en el corazón y que hace realidad la ilusión.
Es necesaria la esperanza. Él no hace regalos, se da y cuando se da, lo hace por amor.
¡Ah, navegante! Es tiempo de despertar, de mirar al horizonte, porque viene, porque ya está aquí, llamando, proponiendo un estilo de vida feliz. ¿Lograremos estar atentos, no distraernos con tanta luz y anuncios? ¿Sabremos escucharle? ¿Lo encontraremos en medio de nosotros, en nuestra vida?
¡Qué Él nos ayude! ¡Feliz Adviento!
Fr. Miguel.
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