
Estimado “navegante”: “El Señor te dé la Paz ”.
Viene siendo usual, en las ciudades, los viernes y sábados, al oscurecer, ver a nuestras jóvenes portando bolsas de plástico -ya conocemos lo que transportan- festivos y dicharacheros, en grupos, dirigirse a un punto concreto de la ciudad. Al poco observador no se le escapa ese detalle, esa “procesión” que los conduce a la celebración, al “botellón”.
La comunidad cristiana es una comunidad peregrina. Va hacia la vida eterna, hacia la casa del Padre.
El vocablo procesión, quiere decir caminar juntos, ir adelante. Se camina juntos para vivir el camino, para llegar a un término. Tiene un significado universal. Nos recuerda que somos peregrinos; no tenemos hogar estable en este mundo. En las grandes religiones se usa esta palabra. Es un rito religioso.
Viene siendo usual, en las ciudades, los viernes y sábados, al oscurecer, ver a nuestras jóvenes portando bolsas de plástico -ya conocemos lo que transportan- festivos y dicharacheros, en grupos, dirigirse a un punto concreto de la ciudad. Al poco observador no se le escapa ese detalle, esa “procesión” que los conduce a la celebración, al “botellón”.
La comunidad cristiana es una comunidad peregrina. Va hacia la vida eterna, hacia la casa del Padre.
El vocablo procesión, quiere decir caminar juntos, ir adelante. Se camina juntos para vivir el camino, para llegar a un término. Tiene un significado universal. Nos recuerda que somos peregrinos; no tenemos hogar estable en este mundo. En las grandes religiones se usa esta palabra. Es un rito religioso.
La procesión es un caminar ordenado, lento, majestuoso, acompañado, casi siempre, del canto. Es festiva y recogida a la vez. La procesión es una invitación a avanzar, a proceder en el viaje hacia el Padre. Viaje que encuentra su simbolismo en la procesión.
Parece fácil caminar, sin embargo, no lo es. Para que sea un andar digno, continuo, regular, serio y gozoso es necesario el ritmo y movimientos acompasados. Lo que se dice de lo externo, también se dice de lo interno, que es lo más importante. En nuestro ir hacia Dios, nos fatigamos, desilusionamos y nos obnubilamos. Creemos andar solos, sin compañía y no es verdad. Están los demás peregrinos y está Cristo, el Señor.
En la celebración solemne de la Eucaristía , se comienza con la procesión por la nave central de la iglesia. Van en ella los monaguillos y ministros que sirven al altar, los lectores o diácono, el sacerdote. Nos recuerda que la comunidad cristiana está en camino hacia la gloria. Vamos en procesión hacia el altar para celebrar la gloria y la muerte y resurrección del que es la Vida.
Abre la procesión el incensario, le sigue la cruz con las velas o los ciriales, el lector o diácono con el libro de los evangelios y el sacerdote. Vamos con Cristo, la cruz es su signo. El Evangeliario contiene su palabra que es alimento y vida. El sacerdote es presencia de Jesús en medio de los suyos. Las velas avivan nuestra memoria, con la palabras del Evangelio, Él es la luz y el incienso es una manera de venerarlo y honrarlo.
En la celebración de la misa hay otras procesiones, como la que hace el diácono cuando se dirige al ambón para proclamar el Evangelio. La de las ofrendas y la de la comunión. La procesión es un testimonio convincente de fe. Es un acto de culto.
Los cristianos, al llegar el domingo, con paso ágil y fresco hacemos procesión hacia la iglesia donde nos espera la comunidad para celebrar la Vida y nutrirnos del pan y vino que sostienen nuestro existir.
Qué la procesión ayude a nuestra fe y sostenga nuestra esperanza.
Fr. Miguel.
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