1.- Un Saludo



Lo usual, al encontrarse los humanos, es saludarse, expresar buenos deseos: Buenos días, buenos días nos dé Dios, buenas tardes, hola, ¿cómo estás?; según el reloj marque el tiempo, las edades, la amistad… Los jóvenes tienen su propia jerga, cuando se encuentran: “Tío, tronco”…

Los cristianos reunidos para la celebración eucarística y demás sacramentos, reciben el saludo del que preside: “El Señor esté con vosotros”. No es fruto de una costumbre social, como el saludo que generosamente regalamos a los demás. Es un acto de fe de la comunidad cristiana reunida para invocar y alabar a su Señor.
Es un saludo que pide una respuesta unánime de toda la comunidad. Los hebreos creían en la presencia de Dios en medio de su pueblo. Su saludo era: “Yahvé sea con vosotros” (Rut 2,4). En la Biblia aparece esta expresión cuando los mensajeros tienen que transmitir alguna noticia de parte de Dios (Jue 6,12). Recordemos la profecía de Isaías, el Emmanuel, “Dios-con-nosotros” (Is 7,14; Mt 1,23). O el saludo del arcángel Gabriel a María (Lc 1,28).

Esta fórmula expresa una realidad: Dios está presente en el mundo, sobre todo en el corazón de los que lo aman. Lo había prometido Jesús en el día de la Ascensión (Mt 28,20). Antes, había indicado que cuando los suyos se reuniesen para orar, Él se haría presente (Mt 18,20). Sin dudas podemos decir que Cristo está presente en la asamblea y de esa manera en el mundo.
El saludo litúrgico –fórmula bíblica- manifiesta la presencia del Señor a la asamblea. La respuesta de los fieles: “Y con tu espíritu”, quiere expresar a toda la persona del presidente, y su fe en la presencia de Dios, pues el sacerdote es un intermediario, actúa “in persona Christi”. De esta manera queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada. Es Dios quien convoca y la hace asamblea eclesial.

Este saludo es el primer contacto del celebrante con la comunidad y la primera comunicación entre la asamblea y el que preside. Es expresión del sentido cristiano del encuentro.
El saludo de S. Francisco, revelado por el Señor, según dice en el Testamento, era: “El Señor te dé la paz”. Pues de esta manera comenzamos este espacio dedicado a la liturgia, con un saludo.

El Señor te dé la paz”.
Fr. Miguel.